Cada vez más difícil

Cada vez es más difícil poder llevar una alimentación sana, y no porque la gente se pase el día comprando caprichos dulces, tomando alcohol o metidos en restaurantes de comida rápida. Es que algunos de los alimentos que se pensaba antes que eran sanos, ahora resulta que pueden provocar cáncer.

La gente está alertada. Ahora la carne procesada y las carnes rojas son alimentos que no deberíamos tomar porque son malos para la salud. En muchos casos se les añaden aditivos que tienen como objetivo alargar la fecha de caducidad del producto y, aunque parezca bueno a la vista, puede que luego no lo sea tanto.

Además, nos encontramos con que estudios que dicen que esos productos que llaman ligth o bajos en calorías, y que muchos toman para evitar engordar, ni son tan bajos en calorías como se pensaba, ni tan sanos. ¿Qué se puede hacer entonces?

Cambiar de hábitos

Es cierto que siempre puede costar un poco, pero es necesario que nos vayamos olvidando de estos alimentos y los sustituyamos por otros que sean sanos, ya que siempre va a ver algún sustituto, no estamos avocados a tener que comerlos y coger una enfermedad.

Es necesario que nos acostumbremos a coger los alimentos frescos, y cuidado con las fechas de caducidad, si dice “fresco” y la fecha de caducidad nos parece demasiado larga, puede que no sean tan frescos. En muchos alimentos que sí lo son, nos damos cuenta de que una vez que los tenemos en la nevera no se pueden dejar días antes de prepararlos, porque se estropean. Un alimento no puede tener la misma duración que una pastilla de jabón, por mucho que se intente.

Hagamos como las abuelas

Nuestras abuelas iban al mercado diariamente para buscar los alimentos del día. Así eran más frescos. Y no iban a un supermercado sino a la carnicería, a la pescadería o a la lechería. Quizá nosotros ahora tenemos todo eso en una gran superficie, pero hay que evitar lo que está envasado. Es mejor comprar el pescado y la carne frescos, que nos lo corten en el mismo momento, y cocinarlo rápido. Aunque quizá no podamos ir todos los días a comprar, hacerlo al menos, una vez por semana, puede ayudar a que la comida sea más fresca. Además, será mucho más fácil controlar nuestro peso, tanto si tenemos que bajarlo como si necesitamos ganar unos kilos.

Las prisas, el estrés o los horarios del trabajo están haciendo que se cocine cada vez menos, y eso que la fiebre por la cocina se está extendiendo gracias a los concursos que hay en la televisión. Pero todavía hay quien, bien por falta de tiempo o porque no tiene ganas, decide comprar uno de esos paquetes de comida que se meten en el microondas y en pocos segundos tiene un plato hecho. ¿De verdad puede ser sano eso? Hay que cocinar, no hace falta tirarse horas. Un plato sencillo puede ser rico y sano. Además, si controlamos bien lo que comemos, nuestro peso aumentará o se reducirá conforme a nuestras necesidades de un modo mucho más controlado.

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